Martes semana séptima Tiempo Ordinario (21 febrero 2012)

De Corazón a corazón: Sant 4,1-10 (“¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones?…  Humillaos ante el Señor y él os ensalzará”); Mc 9,30-37 (“El Hijo del hombre será entregado… resucitará… Si uno quiere ser el primero, sea el servidor de todos… El que reciba a un niño en mi nombre, a mí me recibid”)

Contemplación, vivencia, misión: Todas las guerras y divisiones nacen de un corazón dividido por ambiciones y preferencias, a veces incluso confundiendo la gloria de Dios y el bien de la humanidad con las ansias de poder y de dominio. La historia humana ha seguido ese itinerario, que parece una cadena irrompible. “Los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con ese otro desequilibrio funda­mental que hunde sus raíces en el corazón humano” (AG 10).  La historia verdadera (la que casi nunca se cuenta) la han construido los santos y las personas de buena voluntad, por medio de “una vida escondida con Cristo en Dios” (Col 3,3).

En el día a día con la Madre de Jesús: La cadena  de “desequilibrios que fatigan el mundo”, la quiebra “Jesús de Nazaret” (que convivió con María y José “en su pueblo”: Lc 2,39) con la donación humilde y audaz de su misterio pascual ahora prolongado en nosotros.

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