De Corazón a corazón: Is 58,1-9 (“El ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad… partir con el hambriento tu pan”); Mt 9,14-15 (“Cuando les será arrebatado el esposo, entonces ayunarán”)
Contemplación, vivencia, misión: El “sacrificio” (“ayuno”) nos hace experimentar y corregir la “pobreza” de nuestra realidad limitada. La “misericordia” (“limosna”) nos hace vivir en sintonía con los hermanos. La humildad y la caridad son las dos alas de una verdadera oración, como actitud filial, por la que se encuentra siempre tiempo para relacionarse con nuestro Padre Dios. “La comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad” (Mensaje de Cuaresma 2012). El camino de cuaresma hacia la Pascua se comparte con Cristo “esposo”, “consorte” de nuestra existencia. Sólo con él, la “cruz” recobra su sentido.
*En el día a día con la Madre de Jesús: María es la mujer que ponía la levadura en la harina (cfr. Lc 13,21), para elaborar “el pan nuestro de cada día” (Lc 11,3). Ella nos ayuda compartir nuestro pan con los hermanos.

San Juan de Ávila-Causa doctorado CEE
Santuario y Centro Diocesano de San Juan de Ávila en Montilla(Córdoba, España)
