Sábado semana séptima de Pascua (26 mayo 2012, S. Felipe Neri)

De Corazón a corazón: Hech 28,16-31 (“Por la esperanza de Israel llevo estas cadenas… predicaba con toda valentía”); Jn 21,20-25 (“Tú, sígueme… Su testimonio es verdadero”)

Contemplación Vivencia Misión: Las vidas de los apóstoles de Cristo (como Pedro, Pablo y Juan) están escritas en el corazón de Dios. No necesitan placas conmemorativas. Pedro siguió al Señor dejándolo todo por Él. Pablo, “encadenado”, daba testimonio de Jesús. Juan nos ha dejado un Evangelio donde siguen palpitando los latidos del Corazón del Señor, auscultados en sintonía con sus amores. Estos testimonios son “verdaderos”, ratificados con una vida de fidelidad al Espíritu de Amor. La esperanza es el gozo de una tensión confiada.

En el día a día con la Madre de Jesús: La audacia nace de la humildad y de la verdad gozosa de la donación. Se necesita una actitud de “Cenáculo” con María, para hacer de la vida un “sí” materno y fecundo.

Viernes semana séptima de Pascua (25 mayo 2012)

De Corazón a corazón: Hech 25,13-21 (“Jesús… de quien Pablo dice que vive”); Jn 21,15-19 (“¿Me amas más?… Apacienta mis ovejas… Sígueme”)

Contemplación, vivencia, misión: Los Apóstoles vivían pendientes de la presencia real de Cristo resucitado. Su primer encuentro se actualizaba continuamente en la vida ordinaria. A Cristo se le ama en la medida en que uno se preocupa por hacerle amar. El pasado, que tiene sus luces y sus sombras, queda siempre diluido y transformado en el Corazón de Cristo Amigo.

*En el día a día con la Madre de Jesús: El examen de amor para la misión recuerda la declaración de amistad mutua en la Última Cena (cfr. Jn 15). El último “sígueme” recuerda el “seguimiento” evangélico de Cristo “con su Madre” (Jn 2,12). María se dejó sorprender por el proyecto del Padre, por las palabras de Jesús y por la acción del Espíritu Santo.

Jueves semana séptima de Pascua (24 mayo 2012, María Auxiliadora)

De Corazón a corazón: Hech 22,30;23,6-11 (“Se me juzga por esperar la resurrección de los muertos… Has dado testimonio de mí”); Jn 17,20-26 (“Como tú Padre en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea… los has amado como a mi… yo estoy en ellos”)

Contemplación, vivencia, misión: Pablo fue siempre un destello de Cristo Resucitado. Su testimonio dejó huella imborrable, desde Jerusalén hasta Roma. Un corazón unificado en el amor a Cristo y una comunidad unificada con Cristo en medio, es la garantía de una fe vivida que no hace rebajas a la entrega. El mandato del amor, puesto en práctica en la fraternidad, es un signo eficaz de santificación y de evangelización. La unidad del corazón y la unidad de una comunidad a modo de familia, construye en el mundo la unidad de la familoia de Jesús, que es reflejo de Dios Amor, uno y trino. “El Espíritu Santo se manifiesta distinto en cada uno, pero nunca distinto de sí mismo” (San Cirilo de Jerusalén). “Se reparte sin sufrir división” (San Basilio Magno).
En el día a día con la Madre de Jesús: En el Cenáculo, preparando la venida del Espíritu Santo, resonaban en el Corazón de María y de la Iglesia, las palabras de Jesús: “Los has amado como a mi… yo estoy en ellos”. Era la explicación anticipada del encargo recibido en el Calvario: “He aquí a tu hijo… he aquí a tu Madre”.

Miércoles semana séptima de Pascua(23 mayo 2012

De Corazón a corazón: Hech 20,28-38 (“Os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios… hay más alegría en dar que en recibir”); Jn 17,11-19 (“Como tú me has enviado… yo también los he enviado… por ellos me santifico – me inmolo- a mí mismo”).

Contemplación, vivencia, misión: La vida de los discípulos y apóstoles de Jesús es de donación plena e incondicional como fue la suya. No existe otra "misión" que la misma que él vivió, amasada de donación y gratuidad, guiada por el Espíritu de amor. "Si no está el Espíritu Santo, todo es perdido" (S. Juan de Ávila, Sermón 28). “Todos nosotros, una vez recibido el único y mismo Espíritu, a saber, el Espíritu Santo, nos fundimos entre nosotros y con Dios” (S. Cirilo de Alejandría, Com. Evangelio de San Juan)

*En el día a día con la Madre de Jesús: Estos días antes de Pentecostés son días de Cenáculo, en sintonía y oración con María: "En ella, « templo del Espíritu Santo », brilla todo el esplendor de la nueva criatura" (Bto. Juan Pablo II, Vita consecrata 28).

Martes semana séptima de Pascua (22 mayo 2012)

De Corazón a corazón: Hech 20,17-27 (28) (“Soy prisionero del Espíritu… Tened cuidado de la grey… que Dios se adquirió con la sangre de su propio Hijo”); Jn 17,1-11 (“Yo te he glorificado… los que tú me has dado… son mi gloria-expresión”)

Contemplación, vivencia, misión: Pablo siguió siempre las inspiraciones del Espíritu Santo, que hace de cada apóstol una transparencia o signo visible de Jesús Resucitado. Decía San Juan de Ávila, comentando la doctrina paulina de Rom 8,9, dice: "No has de vivir, hermano, por tu seso, ni por tu voluntad, ni por tu juicio; por Espíritu de Cristo has de vivir" (Sermón 28). Las "almas" se conquistan con fidelidad gozosa y generosa al Espíritu de amor.

*En el día a día con la Madre de Jesús: Podemos intuir el "eco" que produjeron las palabras de la oración sacerdotal de Jesús en el Corazón materno de María, a quien el Señor, el día de su Ascensión, había encomendado cuidar de todos sus discípulos y "mecer la cuna de la Iglesia naciente” (Bta. María Inés Teresa Arias).

Lunes semana séptima de Pascua (21 mayo 2012)

De Corazón a corazón: Hech 19,1-8 (“¿Recibisteis el Espíritu Santo?… No hemos oído decir siquiera que exista”); Jn 16,29-33 (“No estoy solo, el Padre está conmigo… ¡Ánimo! Yo he vencido al mundo”)

Contemplación, vivencia, misión: El regalo de Jesús Resucitado es el don del Espíritu Santo, que se recibe con la actitud filial de humildad, confianza y donación. El Espíritu Santo es “el gran desconocido” y marginado por quienes son “autosuficientes”: “Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre… porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños »” (Lc 10,21). "El Espíritu Santo es ayo de niños" (S. Juan de Ávila, Sermón 32).

*En el día a día con la Madre de Jesús: Estos días podemos recordar filialmente a María en el Cenáculo: "Estuviste en la comunidad de los creyentes que en los días después de la Ascensión oraban unánimes en espera del don del Espíritu Santo (cfr. Hech 1,14), que recibieron el día de Pentecostés… Tú permaneces con los discípulos como madre suya, como Madre de la esperanza” (Benedicto XVI, Spe Salvi 50)

Ascensión del Señor, año B (domingo 20 mayo 2012)

De Corazón a corazón: Hech 1,1-11: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo… seréis mis testigos… así vendrá”; Ef 4,1-13: “Este mismo que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos”; Mc 16,15-20: “Id a todo el mundo… Ellos fueron… el Señor con ellos”.

Contemplación Vivencia Misión: Nuestra vida está injertada en la misma vida de Cristo. Ya no estamos solos. Ocupamos un puesto peculiar en su Corazón, participando de su misma vida. Él ya comparte con nosotros su glorificación. Quiere seguir construyendo la historia por medio de nosotros, que somos su familia (“Iglesia”), su “complemento”, la visibilidad de su donación. “No pienses que porque se subió a los cielos te tiene olvidado, pues no se puede compadecer en uno amor y olvido. La mejor prenda que tenía te dejó cuando subió allá, que fue el palio de su Carne preciosa en memoria de su amor” (S. Juan de Ávila, Tratado del Amor de Dios).

* En el día a día con la Madre de Jesús: El Espíritu Santo, que formó a Jesús en el seno de María, nos transforma ahora (en el corazón de María y de la Iglesia) en testigos del nuevo proyecto de Dios Amor: una historia que se construye y se escribe amando a Dios y a todos los hermanos, sembrando día a día solidaridad y gratuidad, para llegar al encuentro definitivo con Cristo glorioso.

Para el domingo séptimo de Pascua, ver arriba en Año Litúrgico (Pascua)