CENÁCULO DE PENTECOSTÉS CON MARÍA

Iglesia misionera y Madre con María: Perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, con María la Madre de Jesús” (Hech 1,14)

La promesa del Espíritu para “permanecer en su amor”: “Renacer por el agua y el Espíritu” (Jn 3,5); “vida en abundancia” (Jn 10,10); “torrentes”: Jn 7,37-39; promesa de presencia, luz, acción santificadora y misionera (cfr. Jn 14-16); para “vivir y caminar según el Espíritu” (Gal 5,25). Discernimiento y fidelidad (cfr. 1Jn 4,1; 1Cor12,10) a partir de los amores de Cristo.

La dinámica de la fidelidad: Actitud de relación respecto a la presencia o inhabitación de Dios Amor en nosotros (cfr. Jn 14,16-17.23); apertura a las luces o inspiraciones para llegar a “la verdad completa” en Cristo (Jn 14,26; 16,13); sintonía generosa a su acción santificadora y evangelizadora que transforma al creyente en santo y testigo (Jn 15,27; Hech 1,5-8).

Discernimiento. Nos examina el Amor: “Sellados” con la “prenda” del Espíritu: Ef 1,13-14. “El amor de Dios derramado en nuestros corazones”: Rom 5,5. “No entristecer al Espíritu”: Ef 4,30; Escuchar al Espíritu: Apoc 2-3 (7 veces). “El Espíritu y la esposa dicen: Ven”: Apoc 22,17. Seguir a Cristo Esposo movidos por el Espíritu hacia el “desierto”: Lc 4,1 (cfr. Col 3,3). “Enviado por el Espíritu” a “evangelizar a los pobres”: Lc 4,18 (cfr. Hech 10,38)

Concilio Vaticano II: En el Cenáculo, “también María imploraba con sus oraciones el don del Espíritu, que en la anunciación ya la había cubierto con su sombra” (Lumen Gentium, n. 59). “Fue en Pentecostés cuando empezaron los hechos de los Apóstoles, del mismo modo que Cristo fue concebido cuando el Espíritu Santo vino sobre la Virgen María” (AG  n.4).

Pablo VI: “En la mañana de Pentecostés, ella (María) presidió con su oración el comienzo de la evangelización bajo el influjo del Espíritu Santo. Sea ella la estrella de la evangelización siempre renovada que la Iglesia, dócil al mandato del Señor, debe promover y realizar, sobre todo en estos tiempos difíciles y llenos de esperanza” (Evangelii Nuntiandi, n.82).

Juan Pablo II: “Por consiguiente, en la economía de la gracia, actuada bajo la acción del Espíritu Santo, se da una particular correspondencia entre el momento de la encarnación del Verbo y el del nacimiento de la Iglesia. La persona que une estos dos momentos es María: María en Nazaret y María en el cenáculo de Jerusalén” (Redemptoris Mater, n. 24). “La era de la Iglesia empezó con la venida, es decir, con la bajada del Espíritu Santo sobre los Apóstoles reunidos en el cenáculo de Jerusalén junto a María, la Madre del Señor” (Dominum et Vivificantem, n.25).

Benedicto XVI:“Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14; 2, 1-4)” (Porta Fidei,n.13)

Papa Francisco: “Evangelizadores con Espíritu quiere decir evangelizadores que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo. En Pentecostés, el Espíritu hace salir de sí mismos a los Apóstoles … infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresía) … Invoquémoslo hoy… Virgen y Madre María… Tú, que … recogiste a los discípulos en la espera del Espíritu para que naciera la Iglesia evangelizadora. Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida” (Evangelii Gaudium, nn. 259 y 288)

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