Sábado semana séptima de Pascua (7 junio 2014)

De Corazón a corazón: Hech 28,16-31 (“Por la esperanza de Israel llevo estas cadenas… predicaba con toda valentía”); Jn 21,20-25 (“Tú, sígueme… Su testimonio es verdadero”)

Contemplación, vivencia, misión: Las vidas de los apóstoles de Cristo (como Pedro, Pablo y Juan) están escritas en el corazón de Dios. No necesitan placas conmemorativas. Pedro siguió al Señor dejándolo todo por Él. Pablo, “encadenado”, daba testimonio de Jesús. Juan nos ha dejado un Evangelio donde siguen palpitando los latidos del Corazón del Señor, auscultados en sintonía con sus amores. Estos testimonios son “verdaderos”, ratificados con una vida de fidelidad al Espíritu de Amor.

En el día a día con la Madre de Jesús: La audacia nace de la humildad y de la verdad de la donación. Se necesita una actitud de “Cenáculo” con María, para hacer de la vida un “sí” materno y fecundo.

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “La alegría del Evangelio es esa que nada ni nadie nos podrá quitar (cf. Jn 16,22). Los males de nuestro mundo –y los de la Iglesia– no deberían ser excusas para reducir nuestra entrega y nuestro fervor. Mirémoslos como desafíos para crecer” (Evangelii Gaudium, n.84)

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