SANTÍSIMA TRINIDAD (Domingo 1º después de Pentecostés)

Ex 34, 4-6.8-9 (“Descendió el Señor en forma de nube”); 2Cor 13,1-13 (“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”); Jn 3,16-18 (“Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único”)

Contemplación, vivencia, misión: A nivel de solas razones, Dios Amor se nos escapa. Pero es él mismo quien se nos quiere revelar y comunicar tal como es, en su “nube luminosa”. Si de verdad hemos “renacido por el agua y el Espíritu Santo” (Jn 3,5), captaremos que el misterio de Dios Amor es así: “Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único” (Jn 3,16). Dios se ha manifestado como “Amor”, porque “ha enviado a su Hijo para que vivamos por él” (1Jn 4,16). Esta “vida” es la “gracia” de vivir insertados en la dinámica de la familia de Dios: en el Espíritu, por Cristo, al Padre (cfr. Efes 2,18)

*En el día a día con la Madre de Jesús: María fue la primera en recibir el mensaje trinitario: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por  eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios” (Lc 1,35).

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “Es el Espíritu Santo, enviado por el Padre y el Hijo, quien transforma nuestros corazones y nos hace capaces de entrar en la comunión perfecta de la Santísima Trinidad, donde todo encuentra su unidad” (Evangelii Gaudium, n.117)

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