SAN PEDRO Y SAN PABLO (domingo 29 junio 2014)

De Corazón a corazón:Hech 12,1-11 (“Pedro en la cárcel… la Iglesia oraba insistentemente por él”); 2Tm 4,6-8.17-18 (Pablo: “Estoy a punto de ser derramado en libación”); Mt 16,13-19 (“Tú eres el Cristo… Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”)

Contemplación, vivencia, misión: La consecuencia de seguir a Cristo consiste en participar en su misma suerte de ser  testigo del Amor con la propia vida donada. Acompañando a Cristo, se recibe el mismo premio de compartir la misma cruz, de camino hacia la glorificación. Hay una armonía (“comunión”) entre todos los que de verdad creen en Jesús: Por el hecho de estar unidos a quien “preside la caridad universal”,  se experimenta gozosamente el formar parte de una misma familia de hermanos en Cristo, hijos del mismo Padre, con una misma fe y un mismo Espíritu de Amor. Santa Catalina de Siena llamaba al Papa: “El dulce Cristo de la tierra”.

* En el día a día con la Madre de Jesús: Al apoyarnos vivencialmente en esta “piedra” (Pedro), tenemos la garantía de estar unidos a la “piedra angular” que es Cristo. Esta unidad de “comunión” se fraguó en oración “con María la Madre de Jesús” (Hech 1,14)

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “El Papa Juan Pablo II pidió que se le ayudara a encontrar «una forma del ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva»” (Evangelii Gaudium, n.32)

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