Domingo 20º Tiempo Ordinario (17 agosto 2014)

De Corazón a corazón: Is 56,1.6-7 (“Mi casa será casa de oración”); Rom 11,13-15.29-32 (“Los dones y la vocación de Dios son irreversibles”); Mt 15,21-28 (La mujer cananea: “¡Ten piedad de mí, Hijo de David!”)

Contemplación, vivencia, misión: En el corazón de Dios cabemos todos. Cada uno tiene su lugar reservado, en armonía familiar con los demás. La vida es una relación personal y comunitaria: con Dios, con los demás, con la creación, desde el don de sí mismo. Los dones recibidos de Dios son expresión de su amor que nunca pasa. Los templos, las celebraciones y las oraciones son expresiones de esta relación auténtica con Dios, que incluye la relación familiar con los hermanos.

*En el día a día con la Madre de Jesús: Recitando el “Magníficat” con ella, nuestra oración es auténtica porque es humilde (desde la propia realidad), confiada (sabiendo que Dios nos ama) y generosa (de donación y entrega).

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “El modo de relacionarnos con los demás que realmente nos sana en lugar de enfermarnos es una fraternidad mística, contemplativa, que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano … que sabe abrir el corazón al amor divino para buscar la felicidad de los demás como la busca su Padre bueno” (Evangelii Gaudium, n.92)

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