Miércoles semana 22ª Tiempo Ordinario (3 septiembre, S. Gregorio)

De Corazón a corazón: 1Cor 3,1-9 (“Fue Dios quien dio el crecimiento… Somos colaboradores de Dios”); Lc 4,38-44 (“Los curaba… También tengo que anunciar la Buena Nueva a otras ciudades… a esto he sido enviado”)

Contemplación, vivencia, misión: Es hermoso saber que Cristo continúa pasando y haciendo el bien. Su misión no tiene fronteras. Sigue acompañando a todos, enseñando, curando, sembrando la paz en los corazones. Pero quiere necesitar de nuestra colaboración para ser su visibilidad y su instrumento vivo y responsable. Le “completamos”, en el sentido de que le dejamos vivir en nosotros para asegurar a todos que son amados por él : Dios te ama, Jesús ha venido por ti.

*En el día a día con la Madre de Jesús: La enfermedad más difícil de curar es la autosuficiencia, cuando nos apropiamos egoísticamente de los dones que Dios nos ha dado para compartir. El corazón dividido siembra la división; el corazón unificado siembra la paz. En los santuarios marianos María sana los corazones y siembra la paz entre los pueblos.

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: «La misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo tiene una destinación universal. Su mandato de caridad abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas, todos los ambientes de la convivencia y todos los pueblos. Nada de lo humano le puede resultar extraño» (Evangelii Gaudium, n.181, cita Aparecida, n.368)

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