Domingo 27º Tiempo Ordinario (5 octubre 2014; Sínodo Familia)

De Corazón a corazón: Is 5,1-7 ("Una viña tenía mi amigo… pero dio agraces"); Fil 4,6-9 ("En toda ocasión, presentad a Dios vuestra peticiones… Y la paz de Dios que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones"); Mt 21,33-43 ("Un propietario plantó una viña… Les envió a su hijo… Matémosle, quedémonos con su herencia")

Contemplación, vivencia, misión: La “viña” es el símbolo del pueblo amado por Dios, familia de Dios; Él es el “viñador”, que cuida cariñosamente de su propiedad familiar. Jesús se comparó a sí mismo con una vid de la que nosotros somos los sarmientos. El Padre, el viñador, quiere que demos mucho fruto de vida nueva en Cristo, verdadera paz que unifica los corazones y las familias. Cuando no estamos unidos a Cristo, nos secamos como los sarmientos desgajados de la vid. A Jesús se le sigue crucificando en los hermanos que sufren marginación y atropello.

*En el día a día con la Madre de Jesús: María, que cuidó cariñosamente de la “vid” (Jesús), cuida ahora de los “sarmientos” (que somos nosotros), su familia de “hermanos”.

*Alegría del Evangelio, renovación misionera: “La familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales … Se trata de la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros y donde los padres transmiten la fe a sus hijos” (Evangelii Gaudium, n.66; cfr. n.139). No hay Nueva Evangelización sin nueva fidelidad al Espíritu Santo.

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