Bto. PABLO VI: Bajo el aliento del Espíritu Santo

“No habrá nunca evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo … Gracias al apoyo del Espíritu Santo, la Iglesia crece. Él es el alma de esta Iglesia. Él es quien explica a los fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio.

Él es quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por él, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podría hallar, predisponiendo también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del reino anuncia­do.

Las técnicas de evangelización son buenas pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción discreta del Espíritu. La preparación más refinada del evangelizador no consigue absolu­tamente nada sin él. Sin él, la dialéctica más convincente es impotente sobre el espíritu de los hombres. Sin él, los esquemas más elaborados sobre bases sociológicas o sicológicas se revelan pronto despro­vistos de todo valor.

Nosotros vivimos en la Iglesia un momento privilegiado del Espíritu. Por todas partes se trata de conocerlo mejor, tal como lo revela la Escritura. Uno se siente feliz de estar bajo su moción. Se hace asamblea en torno a él. Quiere dejarse conducir por él…

Puede decirse que el Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización : él es quien impulsa a cada uno a anunciar el Evangelio y quien en lo hondo de las conciencias hace aceptar y comprender la Palabra de salvación.

Pero se puede decir igualmente que él es el término de la evangelización : solamente él suscita la nueva creación, la humanidad nueva a la que la evangelización debe conducir, mediante la unidad en la variedad que la misma evangelización querría provocar en la comunidad cristiana. A través de él, la evangeliza­ción penetra en los corazones, ya que él es quien hace discernir los signos de los tiempos -signos de Dios- que la evangelización descubre y valoriza en el interior de la historia.

El Sínodo de los Obispos de 1974, insistiendo mucho sobre el puesto que ocupa el Espíritu Santo en la evangelización, expresó asimismo el deseo de que Pastores y teólogos -y añadiríamos también los fieles marcados con el sello del Espíritu en el Bautismo- estudien profundamente la naturaleza y la forma de la acción del Espíritu Santo en la evangelización de hoy día.

… Exhortamos a todos y cada uno de los evangelizadores a invocar constantemen­te con fe y fervor al Espíritu Santo y a dejarse guiar prudente­mente por él como inspirador decisivo de sus programas, de sus iniciati­vas, de su actividad evangelizadora”. (Exhor. Apost. Evangelii Nuntiandi, n.75)

“En la mañana de Pentecos­tés María presidió con su oración el comienzo de la evangelización bajo el influjo del Espíritu Santo. Sea ella la estrella de la evangelización siempre renovada que la Iglesia, dócil al mandato del Señor, debe promover y realizar, sobre todo en estos tiempos difíciles y llenos de esperanza” (Evangelii Nuntiandi, n.82)

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