Domingo tercero de Adviento (14 diciembre 2014, S.Juan de la Cruz)

De Corazón a corazón: Is 61,1-2.10-11 (“El Espíritu del Señor sobre mí… me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres”) ; 1Tes 5,16-24 (“Estad siempre alegres… hasta la venida del Señor”); Jn 1,6-8.19-28 (“Juan… yo soy la voz… en medio de vosotros está uno a quien no conocéis”)

Contemplación, vivencia, misión: Se puede experimentar el gozo de una nueva venida del Señor, en la medida en que se acepta su presencia en  los signos del hermano y de la Iglesia. No es posible recibir este don (el gozo salvífico) sin insertarse en la vida “pobre” de Jesús en Belén y Nazaret. Quien recibe este gozo, no se lo puede reservar para sí. Es la actitud del Bautista: “Yo soy la voz” (Jn 1,23); “ésta es, pues, mi alegría, que ha alcanzado su plenitud; es preciso que él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,29-30). Si somos opacos al amor, mo somos visibilidad de Cristo.

* En el día a día con la Madre de Jesús: El gozo de María, expresado en el saludo a Isabel y en el Magníficat, fue instrumento de santificación para quien sería la “voz” de Cristo, destello del mismo Cristo como “Palabra” definitiva de Dios. Los profetas se modelan en el Corazón de María.

* Nueva Evangelización, fidelidad al Espíritu: San Juan de la Cruz se dejó modelar por el Espíritu Santo, la “llama de amor viva”, vaciándose de sí para llenarse de Dios: “Un solo sentimientos tienen los dos”; “ya sólo en amar en mi ejercicio”. Pero para que Cristo sea conocido y amado hay que perderse: “Diréis que me he perdido, que andando enamorada, me hice perdidiza y fui amada”. Para San Juan de la Cruz, ver Año Litúrgico, Santos.

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