San Esteban, dentro de octava Navidad (26 diciembre 2014)

De Corazón a corazón: Hech 6,8-10; 7,54-60 (“Señor, no les tengas en cuenta este pecado”); Mt 10,17-22 (“Os entregarán a los tribunales… por mi causa… para que deis testimonio”).

Contemplación, vivencia, misión: Las dificultades personales, comunitarias e históricas se superan amando y perdonando. Esteban es una perla de la corona del Niño Jesús. El “protomártir” cristiano murió como el Señor. Su profesión de fe fue una llamada a la fe. La nota final de confianza y de perdón es la garantía para saber que no se movió por el rencor o por la lógica humana, sino por el mismo Espíritu Santo que es Espíritu de amor, que guió siempre a Jesús y que guía siempre a la Iglesia por el camino del perdón.

Defenderse e incluso defender a la Iglesia según la verdad de la caridad, sólo es posible si Cristo vive en nosotros. Este milagro de amor sólo lo puede hacer Dios Amor.

*En el día a día con la Madre de Jesús: Para ser pan de Cristo, hay que hundirse en el surco y dejarse triturar en el molino. María y José experimentaron el dolor de que en “Belén” (“casa del pan”)  “no había lugar para ellos” (Lc 2,7) que traían el “pan de vida” (Jn 6,35ss).

*Nueva Evangelización, fidelidad al Espíritu: Vivir y morir amando y perdonando, es obra del Espíritu Santo, signo eficaz de evangelización.

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