2 enero, antes de Epifanía (Santos Basilio y Gregorio Nacianzeno)

De Corazón a corazón: 1Jn 2,22-28 (“La unción que de él habéis recibido permanece en vosotros… permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos plena confianza”); Jn 1,19-28 (“Yo soy la voz… en medio de vosotros está uno a quien no conocéis”)

Contemplación, vivencia, misión: Ser apóstol de Jesús es ser su instrumento vivo, la voz de su Palabra, el transmisor de su gracia y de la “unción” del Espíritu Santo. La vida del apóstol no tendría sentido, si no fuera expresión y signo vivo de la presencia de Jesús resucitado. El apostolado tiende a que encuentren a Cristo y se decidan a permanecer en él, compartiendo su misma vida. Quien busca su propio interés, no transparenta al Señor. La “voz” es vacía o es sólo ruido, si no transparenta a la “Palabra” viva que es Jesús.

En el día a día con la Madre de Jesús: Juan Bautista, ya desde el seno de su madre Isabel, “exultó de gozo” (Lc 1,44) y, de este modo, anunció ya a Cristo, Palabra personal de Dios, presente en el seno de María.

*Nueva Evangelización, fidelidad al Espíritu: “El primer cometido misionero las personas consagradas lo tienen hacia sí mismas, y lo llevan a cabo abriendo el propio corazón a la acción del Espíritu de Cristo” (Vita Consecrata, n.25)

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