Miércoles después de Epifanía (7 enero 2015, S. Raimundo de Peñafort)

De Corazón a corazón: 1Jn 3,22-4,6 (“En esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio… examinad si los espíritus vienen de Dios”) ; Mt 4,12-17.23-25 (“El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz… Jesús enseñando… proclamando la Buena Nueva de Reino y curando”)

Contemplación, vivencia, misión: El amor es la clave para discernir la verdad. Quien ama a los hermanos ve a Dios en todas las cosas y acontecimientos. La luz de Jesús va entrando, a pesar de las dificultades. Cuando parece que llega la oscuridad, como cuando prendieron al Precursor, entonces se deja entender más la luz. Los que ya la han encontrado quedan vocacionados para ser su transparencia. La inquietud del corazón es la señal de que Dios existe y que nos ama. Por donde pasa Jesús, deja siempre la huella de su luz y de su vida donada.

*En el día a día con la Madre de Jesús: Los “Magos”, “al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría… vieron al niño con María su madre… Se retiraron a su país por otro camino” (Mt 2,10-12).

*Nueva Evangelización, fidelidad al Espíritu: Quien se guía por el Espíritu de amor, percibe que Cristo nos lleva a todos en su corazón como parte de su mismo ser. Quien ama a los hermanos con este amor, es que Dios está en él. Donde ya se había celebrado la Epifanía el domingo: 1Jn 4,11-18; Mc 6,45-52.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.