Domingo tercero Tiempo Ordinario (25 enero, Conversión de S.Pablo)

De Corazón a corazón: Jon 3,1-5 3,10 (Jonás en Nínive: “Vio Dios que se convirtieron y tuvo compasión”); 1Cor 7,29-31 (“El tiempo es breve… la apariencia de este mundo pasa”); Mc 1,14-20 (“Jesús proclamaba la Buena Nueva: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca, convertíos y creed en el Evangelio”)

Contemplación, vivencia, misión: El anuncio del Reino, por parte de Jesús, es una llamada a abrir el  corazón a los nuevos planes de Dios Amor. Esta apertura, que es también “conversión” (a modo de dejarse sorprender por el Amor), da sentido a la vida. Cuando Jesús anunció esta buena nueva, en su corazón ya estaba Pablo y cada uno de nosotros. Quien ha sido “atrapado” por el amor de Cristo, queda comprometido a contagiar a todos de este mismo amor. Entonces se puede proclamar a los cuatro vientos que la vida tiene sentido y que merece vivirse.

*En el día a día con la Madre de Jesús: En Jesús ha llegado “la plenitud de los tiempos” (Gal 4,4), que encontró en María, su Madre, un ”sí” de apertura generosa y total.

*Nueva Evangelización, fidelidad al Espíritu: El apóstol es la pluma que, guiada por el Espiritu, escribe la biografía de Jesús en cada corazón. “Sois, por medio de mi ministerio, una carta de Cristo… escrita por el Espíritu Santo” (2Cor 3,3). Ver Conversión de Sa. Pablo: Año Litúrgico.

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