Miércoles semana quinta Tiempo Ordinario (11 febrero, Ntra Sra de Lourdes)

De Corazón a corazón: Gen 2,4-9.15-17 (“El Señor formó al hombre del polvo del suelo… no comerás del árbol de la ciencia del bien y del mal”); Mc 7,14-23 (“Lo que sale del corazón del hombre eso es lo que contamina al hombre”)

Contemplación, vivencia, misión: Nuestro buen Dios nos ha llamado de la "nada" a la existencia como expresión de su amor. Nuestro “color” sigue siendo el del “barro” (“polvo”, "nada"), pero el “beso” de Dios nos convirtió en su reflejo. Ya podemos devolver a Dios el mismo amor con que Él nos ama. Pero la condición de nuestro “barro” nos invita a ser humildes (“auténticos”). “Tenemos este tesoro en vasos de barro” (2Cor 4,7). El pecado de Adán y Eva nos ha “tiznado”, pero Cristo nos ha liberado. El “beso” paterno de Dios al ser humano reclama la apertura del corazón a su amor.

*En el día a día con la Madre de Jesús: El corazón es “bueno” (“tierra buena”) y “dichoso” (VDo 124) sólo en la medida en que deja entrar la Palabra de Dios Amor, dejándose sorprender como María, Inmaculada, sin pecado original y sin sus consecuencias (cfr. Lc 2,19.51).

*Nueva Evangelización, fidelidad al Espíritu: Si el corazón humano, amasado de barro, no se abre al amor del Espíritu Santo, entonces se puede originar una “doble” vida, donde Dios sólo quedaría de adorno pasajero y falaz. Sin la sanación del Espíritu Santo, la vida del apóstol dejaría de ser reflejo de Cristo. Ver Virgen de Lourdes en Año Litúrgico (fiestas de María)

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