Domingo sexto Tiempo Ordinario (15 febrero 2015)

De Corazón a corazón: Lev 13,1-2.44-46 (Normas sobre los leprosos); 1Cor 10,31-11,1 (“Haced todo por la gloria de Dios… yo soy imitador de Cristo”); Mc 1,40-45 (“Si quieres, puedes curarme… Quiero, queda limpio”).

Contemplación, vivencia, misión: Las llagas de la humanidad tienen eco en el corazón de Dios. Es un misterio insondable, que sólo se comienza a intuir a partir de la compasión de Jesús, el Hijo de Dios hecho nuestro hermano y “consorte”. Por esto, la oración humilde y confiada, como la del leproso, abre de par en par el Corazón del Señor. El discìpulo y apóstol de Cristo se convierte en signo de cómo ama él.

*En el día a día con la Madre de Jesús: Las cosas valen según el amor (el “sí” de donación) con que se hacen. “Todo por la gloria de Dios”, como decía San Pablo. La “gloria” de Dios Amor somos nosotros cuando vivimos en sintoía con su amor. Cuando María dijo su “sí” de donación, concibió en su seno al hijo de Dios, se hizo “gloria” o expresión de Dios y cambió la historia.

*Nueva Evangelización, fidelidad al Espíritu: “El Espíritu Santo (es) infinitamente rico en sus dones e inspiraciones… El vigor de las diversas instituciones de vida consagrada, desde las más antiguas a las más recientes, así como la vivacidad de las nuevas comunidades, alimentarán la fidelidad al Espíritu Santo, que es principio de comunión y de perenne novedad de vida” (VC 62)

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