Viernes semana segunda Cuaresma (6 marzo 2015)

De Corazón a corazón: Gén 37,3-28 (Historia de José); Mt 21,33-46 ("A mi hijo lo respetarán… Lo echaron fuera de la viña y lo mataron")

Contemplación, vivencia, misión: Las figuras emblemáticas del sufrimiento humano en la historia salvífica (Abel, José, Profetas, los Inocentes…) recobran su verdadero sentido a la luz de Cristo. La agonía de Cristo continúa en la humanidad sufriente. La humanidad entera (simbolizada por Israel y la Iglesia) sigue siendo la viña amada. En cada criatura y en cada acontecimiento, el Padre nos da a su Hijo como “consorte” (que comparte nuestra vida) y como razón de ser de todas las cosas. “Crucificamos” al Hijo cuando no tenemos tiempo según nuestra escala de valores equivocada y cuando campean nuestras preferencias al margen de los planes salvíficos de Dios Amor

*En el día a día con la Madre de Jesús: Si Dios se hace uno de nosotros por amor, es señal de que Dios se da a sí mismo. Es su modo de amar. Al aceptar o rechazar este amor de donación, el hombre se refleja a sí mismo en bien o en mal. María experimentó este rechazo cuando en Nazaret quisieron despeñar a Jesús (cfr. Lc 4,29).

*El camino del corazón, fidelidad al Espíritu: El corazón que ha experimentado este amor, necesariamente lo quiere compartir. “En su llamada está incluida por tanto la tarea de dedicarse totalmente a la misión; más aún, la misma vida consagrada, bajo la acción del Espíritu Santo, que es la fuente de toda vocación y de todo carisma, se hace misión, como lo ha sido la vida entera de Jesús” (VC 72)

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