Sábado semana segunda Cuaresma (7 marzo 2015)

De Corazón a corazón: Miq 7,14-15,18-20 (“Volverá a compadecerse de nosotros”); Lc 15,1-3.11-32 (“Su padre lo vio y, conmovido, fue corriendo… lo cubrió de besos”)

Contemplación, vivencia, misión: La “compasión” es como la autobiografía de Dios Amor y del mismo Jesús, Dios hecho hombre. Dios se compadece siempre, con ternura de madre, al ver a sus hijos embarrados. Nuestro barro había sido amasado cariñosamente en sus manos, pero luego se deslizó hasta lo más hondo y se hizo añicos. La máxima expresión de la “compasión” divina se encuentra en la descripción que hace Jesús del “padre” del hijo pródigo. El Padre, desde la Encarnación del Hijo y de su muerte en cruz, nos ve a todos nosotros en el corazón de su Hijo que “vuelve” al Padre con nosotros. Por el bautismo, somos “hijos en el Hijo” (cfr. Ef 1,5; GS 22).

*En el día a día con la Madre de Jesús: En el canto mariano del “Magníficat” dos veces se hace alusión a la “misericordia” divina, que María ha experimentado en sí misma y que, en aquel momento, estaba personificada en Jesús gestado en su seno “materno”.

*El camino del corazón, fidelidad al Espíritu: Las parábolas son retazos de la vida del mismo Jesús, que lleva toda la historia humana (y cada persona) en su corazón. Es corazón ardiente que comprende, acompaña, busca, espera, se compadece… A “los suyos”, Cristo los quiere contagiar de sus deseos redentores y hacerlos un trasunto de su corazón, “un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas” (Mensaje Cuaersma 2015)

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