Domingo tercero Cuaresma (8 marzo 2015, S. Juan de Dios)

De Corazón a corazón: Ex 20,1-17  /  Ex 20,1-3.7-8.12-17 (“Yo el Señor soy tu Dios”); 1Cor 1,22-25 (“Nosotros predicamos a Cristo crucificado”); Jn 2,13-25 (“El celo por tu casa me devora… Destruid este templo y yo lo reedificaré en tres días”)

Contemplación, vivencia, misión: La voz de Dios, expresada en la creación y en la historia se concreta en su “Palabra” revelada, ahora ya pronunciada como Palabra personal y definitiva en Cristo su Hijo, el Verbo encarnado. La presencia de Dios tuvo una incidencia especial en el primer Testamento, con el signo de la tienda de caminante (la shekiná); esa tienda se convirtió posteriormente en el templo, para preanunciar y preparar una presencia nueva en el “Emmanuel”, Dios con nosotros, el Verbo que “habita entre nosotros” (Jn 1,14). Jesús, crucificado y resucitado, será el nuevo “templo”, que asume todo lo anterior para llevarlo a su cumplimiento.

*En el día a día con la Madre de Jesús: La vida cristiana tiene que expresar esta nueva realidad por medio de una existencia crucificada con Cristo, que muere amando y perdonando. María se dejó sorprender por las palabras de Jesús: “Yo había de estar en la casa (o en las cosas) de mi Padre” (Lc 2,49).

*El camino del corazón, fidelidad al Espíritu: “¡Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir! Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas” (VC 110)

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