Martes semana tercera Cuaresma (10 marzo 2015)

De Corazón a corazón: Dan 3,25.34-43 (“No nos retires tu misericordia… tenemos un corazón contrito”); Mt 18,21-35 (Perdonar “hasta setenta veces siete… del mismo modo que yo me he compadecido de ti”)

Contemplación, vivencia, misión: Perdonar es la característica de quien ha encontrado a Cristo de verdad. Es la garantía de haber experimentado su misericordia. Él vivió y murió amando y perdonando, porque asumió en sí mismo toda nuestra historia mezclada de luces y sombras. El mensaje de las “bienaventuranzas” (“perdonad… sed misericordiosos como vuestro Padre”) lo vivió en su carne mortal y crucificada (“perdónales, Padre”).

*En el día a día con la Madre de Jesús: María y José repitieron miles de veces el nombre de “Jesús”, quien “salvaría a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21).

*El camino del corazón, fidelidad al Espíritu: Si no se ha tenido experiencia de la misericordia divina (que es ternura materna), no es posible perdonar de corazón. Es necesario haber experimentado el dolor de Cristo en la pasión (“por mí”), que sufrió por cada uno de nosotros: “Me amó, se entregó a la muerte por mí” (Gal 2,20). Somos el precio de “la sangre de Cristo, quien por el Espíritu Santo se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios” (Heb 9,14).

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