Miércoles semana tercera Cuaresma (11 marzo 2015)

De Corazón a corazón: Deut 4,1.5-9 (“Escucha, Israel… esta ley que yo os expongo hoy”); Mt 5,17-19 (“No he venido a abolir la ley, sino a dar su cumplimiento”)

Contemplación, vivencia, misión: La “ley” era para Jesús la expresión de la voluntad amorosa de Dios para su Pueblo y para toda la humanidad. Dios tiene sed del hombre, invitándole a entrar en la verdadera libertad del amor. Jesús, que es la Palabra personal y definitiva del Padre, pronunciada en el amor del Espíritu Santo, “encarna” toda la ley en su propio ser y la lleva al cumplimiento más perfecto. Nosotros, al “escuchar” a Jesús, nos insertamos en él y nos hacemos, con él, respuesta personal y comunitaria a Dios, de corazón a corazón.

*En el día a día con la Madre de Jesús: María estaba siempre a la “escucha” de la “Palabra”. Su vida consistía en acoger y responder a la “Palabra” hecha carne en su seno y nacida para salir al encuentro de todo ser humano.

*El camino del corazón, fidelidad al Espíritu: Jesús hace suya la historia de toda la humanidad y de cada ser humano. Sería un contrasentido no disponer de “tiempo” para acoger a quien ha venido como Señor y “consorte” de la historia. El “corazón” siempre tiene tiempo para la persona amada. Orar es “tener” tiempo… un cruce de miradas, sin prisas en el corazón, esperando, con humildad y confianza, la mirada “amorosa” de Dios: “ya bien puedes mirarme, después que me miraste, que gracia y hermosura en mí dejaste” (S. Juan de la Cruz)

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