Martes semana cuarta Cuaresma (17 marzo 2015)

De Corazón a corazón: Ez 47,1-9.12 ("Donde penetra esta agua lo sanea todo… Esta agua viene del santuario"); Jn 5,1-16 ("¿Quieres curarte?… No tengo nadie… Levántate")

Contemplación, vivencia, misión: Nuestro bautismo es un proceso continuo de recibir y beber el "agua viva" prometida por Jesús, como participación en su misma vida divina. La cercanía de Jesús a cada ser humano es peculiar e inédita; todos y cada uno formamos parte de su misma historia. Nos lleva en su corazón y nos quiere sanar, pero quiere y “necesita” nuestra colaboración. Lo primero es reconocer nuestra realidad quebradiza y luego, siguiendo su invitación, intentar dar un paso, sólo uno, pero aquí y ahora, con confianza.

*En el día a día con la Madre de Jesús: El agua de las vasijas en las bodas de Caná se convirtió en un vino nuevo, abundante y sorprendente. Para el milagro fue necesario que "alguien" (la Madre de Jesús) captara la necesidad, la presentara al Señor e invitara a los demás a colaborar escuchando su palabra.

*El camino del corazón, fidelidad al Espíritu: El agua que brota del nuevo templo es el “agua viva” prometida por Jesús (cfr. Jn 4,10; 7,38-39), símbolo de la vida nueva en el Espíritu Santo, que brotará de su costado abierto (cfr. Jn 19,34). Hay que aprender a mirar de una vez, de corazón a corazón.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.