Lunes Santo (30 marzo 2015)

De Corazón a corazón: Is 42,1-7 (“He aquí mi Siervo… mi elegido en quien se complace mi alma”); Jn 12,1-11 (En Betania: “María… ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos… Jesús dijo: … para el día de mi sepultura”)

Contemplación, vivencia, misión: El Padre se complace en Jesús, que desde el seno de María (cuando ella dijo que “sí”) había hecho de su vida una oblación total por nuestro amor: “Vengo para hacer tu voluntad” (Heb 10,7). Quienes se dejan conquistar por la amistad íntima de Jesús, enrolan sus propias vidas es esta misma oblación, concretada en “silencio” contemplativo (cfr. Lc 10,39) y en oferta de sí mismo y de todas sus cosas (cfr. Jn 11,2; 12,1). Esta oblación evangélica no estará nunca de moda.

*En el día a día con la Madre de Jesús: Las manos maternas que envolvieron en pañales al niño Jesús y lo recostaron en el pesebre (cfr. Lc 2,7), son las mismas que le acariciaron, lavaron, cuidaron y acompañaron hasta su muerte y sepultura. La vida de María era itinerario de “Pascua”, para “pasar” con Jesús “de este mundo al Padre” (Jn 13,1).

*El camino del corazón, fidelidad al Espíritu: Sólo un corazón guiado por el Espíritu, entiende de amores: “O somos esposas de tan gran rey, o no. Si lo somos, ¿qué mujer honrada hay que no participe de las deshonras que a su esposo hacen?” (Sta. Teresa, Camino, cap.13,2)

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