Domingo octava de Pascua (12 abril 2015, Divina Misericordia)

De Corazón a corazón: Hech 4,32-35 (“Tenían un solo corazón y una sola alma"); 1Jn 5,1-6 ("El que cree que Jesús es el Cristo, ha nacido de Dios"); Jn 20,19-31 ("Les mostró las manos y el costado… Como el Padre me envió, también yo os envío")

Contemplación, vivencia, misión: El acto de fe del apóstol Santo Tomás (“Señor mío y Dios mío”) es fruto de la misericordia del Señor, que recupera a “los suyos” con amor apasionado de amigo verdadero. La fe que Jesús comunica es una adhesión vivencial de todo el ser a su persona y a su doctrina. Ésta es la fe que vence al mundo. Con esta referencia vivencial a Jesús en el corazón y en medio de la comunidad, el “pluralismo” de los dones recibidos se hace “coinonía”, “comunión” eclesial: “uno solo corazón y una sola alma” (Hech 2,32). Quien ha experimentado la misericordia divina, vive y construye la “comunión”.

*En el día a día con la Madre de Jesús: Los Apóstoles vivieron esta “comuión” en sintonía con la oración de María, la Madre de Jesús (Hech 1,14), modelo de fe vivida (cfr. Lc 1,45), Madre de misericodia como expresión de la ternura materna de Dios.

*El camino del corazón, fidelidad al Espíritu: “Para las personas consagradas, que se han hecho « un corazón solo y una sola alma » (Hech 4, 32) por el don del Espíritu Santo derramado en los corazones (cf. Rom 5, 5), resulta una exigencia interior el poner todo en común” (VC n.42).

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