Domingo tercero de Pascua (19 abril 2015)

De Corazón a corazón:  Hech 3,13-15.17-19 (“Dios lo resuctió de entre los muertos y nosotros somos testigos”); 1Jn 2,1-5 (“Él es víctima de propiciación por nuestros pecados”); Lc 24,35-48 (“Mirad mis manos y mis pies, soy yo mismo”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesús resucitado sigue haciéndose presente en medio de su “familia” eclesial de hoy: “Soy yo”. Las señales de su presencia son ahora “sacramentales”, signos pobres de Iglesia y del hermano. Son signos manifestativos de su donación total, imposibles de valorar si el corazón está embadurnado de egoísmo y mundanidad. En la donación sacrificial de Cristo no hay fronteras; y su donación hace posible la nuestra, convirtiéndola en su misma misión.

*En el día a día con la Madre de Jesús: Ella ofreció el niño en el templo y, junto a la Cruz, “se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima engendrada por Ella misma” (LG 58).

*El camino del corazón, fidelidad al Espíritu: El corazón y la mente se abren a Cristo cuando escuchamos sus palabras y nos dejamos sorprender por quien “por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios” (Heb 9,14)

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