Domingo sexto de Pascua (10 mayo 2015, S. Juan de Ávila)

De Corazón a corazón: Hech 10,25-26.34-35.44-48 (“Dios no hace acepción de personas… Bajó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban la palabra”); 1Jn 4,7-10 (“Dios es Amor… envió al mundo a su Hijo para que vivamos por él”); Jn 15,9-17 (“Como mi Padre me amó, así también os he amado; permaneced en mi amor”)

Contemplación, vivencia, misión: La afirmación de Juan en su primera carta, cuando afirma y comenta que “Dios es Amor”, es también su recuerdo de haber reclinado su cabeza sobre el pecho de Jesús y haber valorado su declaración de amor: “Como el Padre me amó, así os he amado yo” (Jn 15,9). Nos ama hasta dar la vida, para comunicarnos su misma vida. Dios le ha enviado para hacerse responsable de nuestra vida y transformamos en él.

*El Evangelio en el corazón de la Madre de Jesús: Si no dejamos entrar la luz y la acción amorosa de Espíritu en nuestro corazón, como María, no se entiende nada de la persona y del mensaje de Jesús. “Conoce muy bien el Espíritu Santo las entrañas de la Virgen, conoce muy bien aquel corazón tan limpísimo… No hizo la Virgen, ni pensó, ni habló cosa que en un solo punto desagradase al Espíritu Santo” (S. Juan de Ávila, Sermón 30). “Si no está el Espíritu Santo, todo es perdido” (Idem, Sermón  28).

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