MARÍA EN EL CAMINO DE LA “LECTIO DIVINA”

LECTURA: Apertura, disponibilidad. Dejarse sorprender por la Palabra. Textos bíblicos como trasfondo de la Anunciación: Sof 3,14-17; Is 7,14; Ex 24. En la presentación del niño Jesús en el templo: “Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él” (Lc 2,33). “El Magníficat —un retrato de su alma, por decirlo así— está completamente tejido por los hilos tomados de la Sagrada Escritura, de la Palabra de Dios” (DCe 41).

MEDITACIÓN: Reflexionar sin condicionamientos. Dejarse cuestionar por la Palabra. “Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo” ( Lc 1,29). “María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lc 2,19). Trasfondo bíblico de Belén (Lc 2,19; Is 9,5).

Lc 1,48: “Dios ha puesto los ojos en la humildad de su esclava”. Lc 8,21: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen”.

“La Palabra de Dios es verdaderamente su propia casa, de la cual sale y entra con toda naturalidad. Habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se convierte en palabra suya, y su palabra nace de la Palabra de Dios. Así se pone de manifiesto, además, que sus pensamientos están en sintonía con el pensamiento de Dios, que su querer es un querer con Dios. Al estar íntimamente penetrada por la Palabra de Dios, puede convertirse en madre de la alabra encarnada” (DCe 41).

PETICIÓN: Una “queja” confiada y compartida: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando” (Lc 2,48). “No tienen vino” (Jn 2,3). “Haced lo que él os diga” (Jn 2,5). “Todos ellos perseveraban en la oración, en un mismo espíritu… con María, la madre de Jesús” (Hech 1,14)

UNIÓN, CONTEMPLACIÓN: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). “Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón” (Lc 2,51). “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cloeofás, y María Magdalena” (Jn 19,25). “María de Nazaret, desde la Anunciación a Pentecostés, aparece como la persona cuya libertad está totalmente disponible a la voluntad de Dios. Su Inmaculada Concepción se manifiesta propiamente en la docilidad incondicional a la Palabra divina. La fe obediente es la forma que asume su vida en cada instante ante la acción de Dios. Virgen a la escucha, vive en plena sintonía con la voluntad divina; conserva en su corazón las palabras que le vienen de Dios y, formando con ellas como un mosaico, aprende a comprenderlas más a fondo (cfr. Lc 2,19.51). María es la gran creyente que, llena de confianza, se pone en las manos de Dios, abandonándose a su voluntad” (SCa 33). “Estuvo de pie (cf. Jn 19,25), sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de Madre que, llena de amor, daba su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima” (LG 58).

ACCIÓN-SERVICIO: Diligencia en ir a servir a su prima Isabel: Lc 1,39. En sintonía de sentimientos, orando con ella (cfr. Hech 1,14). “Los fieles encomiendan a María, Madre de la Iglesia, su vida y su trabajo. Esforzándose por tener los mismos sentimientos de María, ayudan a toda la comunidad a vivir como ofrenda viva, agradable al Padre” (SCa 96). Una “nueva misión” activa y materna de María en la Iglesia. “María de Nazaret, icono de la Iglesia naciente” (SCa 33) y de todos los tiempos.

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