Martes semana sexta de Pascua (12 mayo 2015)

De Corazón a corazón: Hech 16,22-34 (“Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa”); Sal 138,1; Jn 16,5-11 (“Os conviene que yo me vaya… el Paráclito… os lo enviaré”)

Contemplación, vivencia, misión: En nuestra vida hay una “ausencia”, que sólo la sienten los “enamorados”. Sentimos dolorosamente la “ausencia” de Cristo, porque lo amamos. Pero este amor lo suscita y sostiene él mismo, que está presente y resucitado. Su “presencia” parece “ausencia” porque es especial, más allá de nuestro modo de pensar y de sentir. Esta presencia suya sostiene la vida de todo creyente y de todo apóstol. El “gozo” de su presencia es un don de Espíritu Santo, que quiere comunicarse a toda la humanidad.

*En el Cenáculo con María preparando Pentecostés: La fe en la presencia de Cristo, cuando parece ausente, se aprende dejándose sorprender diariamente por su Palabra, su Eucaristía y su Iglesia amada (en la familia o comunidad donde estamos). Somos guiados por el Espíritu Santo que formó a Cristo en el seno de María y que ahora nos transforma en él también con la colaboración materna de María.

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