ASCENSIÓN DEL SEÑOR (Domingo 17 mayo 2015)

De Corazón a corazón: Hech 1,1-11 (“Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo… seréis mis testigos… así vendrá”); Ef 4,1-13 (“Este mismo que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos”); Mc 16,15-20 (“Id a todo el mundo… Ellos fueron… el Señor con ellos”)

Contemplación, vivencia, misión: Nuestra vida está injertada en la misma vida de Cristo. Ya no estamos solos. Ocupamos un puesto peculiar en su Corazón, participando de su misma vida. Él ya comparte con nosotros su glorificación. Quiere seguir construyendo la historia por medio de nosotros, que somos su familia (“Iglesia”), su “complemento”, la visibilidad de su donación.

*En el Cenáculo con María hacia Pentecostés: El Espíritu Santo, que formó a Jesús en el seno de María, nos transforma ahora (en el corazón de María y de la Iglesia) en testigos y transmisores del nuevo proyecto de Dios Amor. Para hacer efectiva esta realidad, hay que vivir en “Cenáculo” “con María la Madre de Jesús” (Hech 1,14), revisando la propia vida e implorando el Espíritu Santo. Ver Domingo séptimo de Pascua en Año Litúrgico.

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