CENÁCULO DE PENTECOSTÉS CON LA MADRE DE JESÚS Un Pentecostés permanente

(Concilio Vaticano II) “Fue en Pentecostés cuando empezaron “los hechos de los Apóstoles“, como había sido concebido Cristo al venir al Espíritu Santo sobre la Virgen María, y Cristo había sido impulsado a la obra de su ministerio, bajando el mismo Espíritu Santo sobre El mientras oraba” (Ad Gentes, n.4) “Vemos a los Apóstoles antes del día de Pentecostés “perseverar unánimemente en la oración con las muje­res, y María la Madre de Jesús y los hermanos de Este” (Hech, 1,14); y a María implorando con sus ruegos el don del Espíritu Santo, quien ya la había cubierto con su sombra en la Anunciación” (Lumen Gentium, 59; cfr. n. 4)

(Bto Pablo VI) “En la mañana de Pentecos­tés ella presidió con su oración el comienzo de la evangelización bajo el influjo del Espíritu Santo. Sea ella la estrella de la evangelización siempre renovada que la Iglesia, dócil al mandato del Señor, debe promover y realizar, sobre todo en estos tiempos difíciles y llenos de esperanza” (Evangelii Nuntiandi, n.82)

(San Juan Pablo II) “Los Apóstoles, con la venida del Espíritu Santo, se sintieron idóneos para realizar la misión que se les había confiado” (Dominum et Vivificantem, n.25). “Las palabras que Jesús pronuncia desde lo alto de la cruz significan que la maternidad de su madre encuentra una nueva continuación en la Iglesia y a través de la Iglesia” (Redemptoris Mater, n.24). “María acoge, con su nueva maternidad en el Espíritu, a todos y a cada uno en la Iglesia, acoge también a todos y a cada uno por medio de la Iglesia. En este sentido María, Madre de la Iglesia, es también su Modelo” (ibid., n.47). “Plena docilidad al Espíritu… dejarse plasmar interiormente por él, para hacerse cada vez más semejantes a Cristo” (Redemptoris Missio, n.87). “Como los Apóstoles después de la Ascensión de Cristo, la Iglesia debe reunirse en el Cenáculo con «María, la madre de Jesús» (Act 1, 14), para implorar el Espíritu y obtener fuerza y valor para cumplir el mandato misionero. También nosotros, mucho más que los Apóstoles, tenemos necesidad de ser transformados y guiados por el Espíritu” (ibid., n.92)

(Benedicto XVI) “En el momento de Pentecostés, serán los discípulos los que se agrupen en torno a ella en espera del Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14)” (Deus Caritas est, n. 41). “Estuviste en la comunidad de los creyentes que en los días después de la Ascensión oraban unánimes en espera del don del Espíritu Santo (cf. Hch 1,14), que recibieron el día de Pentecostés” (Spe Salvi, n.50). “El Espíritu desciende sobre los Doce, reunidos en oración con María el día de Pentecostés (cf. 2,1-4), y les anima a la misión de anunciar a todos los pueblos la Buena Nueva” (Verbum Domini, n.15). “Cuanto más sepamos ponernos a disposición de la Palabra divina, tanto más podremos constatar que el misterio de Pentecostés está vivo también hoy en la Iglesia de Dios. El Espíritu del Señor sigue derramando sus dones sobre la Iglesia para que seamos guiados a la verdad plena, desvelándonos el sentido de las Escrituras y haciéndonos anunciadores creíbles de la Palabra de salvación en el mundo” (ibid., n.123). “Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo ” (Porta Fidei, n.13)

(Papa Francisco) “Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hech 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización” (Evangelii Gaudium, n.284).

(Prefacio Ascensión)Jesucristo, Pastor y obispo de nuestras almas, nos invita a la plegaria unánime a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés”.

(San Juan de Ávila): “Cuando tengas el Espíritu Santo, él mata todo lo que daña; pero si hay pajitas, señal es que no hay fuego que las queme… y todo quema el Espíritu Santo cuando viene, y no hay cosa que se le resista” (Sermón 32). “¿Quién le quiere? Mirad que se da de balde” (Sermón ). “Si no está el Espíritu Santo, todo es perdido” (Sermón 28). “No sólo lo hemos de desear, pero hemos de aderezar la casa limpia” (Sermón 27).”Conoce muy bien el Espíritu Santo las entrañas de la Virgen, conoce muy bien aquel corazón tan limpísimo… No hizo la Virgen, ni pensó, ni habló cosa que en un solo punto desagradase al Espíritu Santo” (Sermón 30).

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