Viernes semana séptima de Pascua (22 mayo 2015)

De Corazón a corazón: Hech 25,13-21 (“Jesús… de quien Pablo dice que vive”); Jn 21,15-19 (“¿Me amas más?… Apacienta mis ovejas… Sígueme”)

Contemplación, vivencia, misión: Los Apóstoles vivían pendientes de la presencia real de Cristo resucitado. Su primer encuentro se actualizaba continuamente en la vida ordinaria. A Cristo se le ama en la medida en que uno se preocupa por hacerle amar. El pasado, que tiene sus luces y sus sombras, queda diluido y transformado en el Corazón de Cristo Amigo. Por el amor, el Espíritu Santo nos hace “expresión” o destello del mismo Cristo (Jn 16,14).

*En el Cenáculo con María hacia Pentecostés: El examen de amor para la misión (cfr. Jn 21) recuerda la declaración de amistad mutua en la Última Cena (cfr. Jn 15). El último "sígueme" recuerda el "seguimiento" evangélico de Cristo "con su Madre" (Jn 2,12). El Espíritu Santo, invocado “en oración con María” (Hech 1,14), guía a la “verdad plena” (Jn 16,13) para vivir del encuentro con Cristo a la misión.

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