CORPUS CHRISTI (domingo 7 junio 2015)

De Corazón a corazón: Ex 24,3-8 (“Esta es la sangre de la Alianza”); Heb 9,11-15 (“Penetró en el santuario una vez para siempre… con su propia sangre”); Mc 14,12-16.22-26 (“Tomad, esto es mi cuerpo… Esta es mi sangre”)

Contemplación, vivencia, misión: La “sangre” es la vida donada en sacrificio. La primera Alianza se selló con sangre y, por esto, pedía una actitud de “sí” al proyecto de Dios (cfr. Ex 24). Jesús ha sellado la nueva o definitiva Alianza con su misma sangre, es decir, con su vida hecha donación de amor, bajo la acción del Espíritu Santo (cfr. Heb 9). La Eucaristía “actualiza” todo lo que ha hecho y dicho Jesús, desde la  Encarnación hasta la Pascua. Él es el “Cordero” que derrama su sangre por nosotros. La vida humana sólo tiene sentido cuando entra en este “desposorio” que Cristo ofrece, como nuevo pacto de amor. Si la Eucaristía no fuera el centro de la vida de la Iglesia (la fuente y la cima de la evangelización, el punto de referencia imprescindible de toda vocación), sería señal de que no se ha captado la esencia del cristianismo.

*El Evangelio (y la Eucarsitía) en el Corazón de María  y de la Iglesia: La Eucaristía es “el pan de la Virgen”. “Ella es la que nos lo guisó, y por ser ella la guisandera se le pega más sabor al manjar” (S. Juan de Ávila, Sermón 41). Cuando la Iglesia se centra en Cristo Eucaristía, muestra su naturaleza “mariana” y “materna”: ser “misterio” de “comunión” para la “misión”.

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