MARÍA, MODELO DE CORAZÓN UNIFICADO

Presentación: El Corazón de María en el corazón de la Iglesia. El camino del corazón, a la escucha y sorpresa de la Palabra. El “fiat” y el “Magníficat” en el “contemplaba” y “estaba de pie junto a la cruz”. El discípulo amado: apoyado en el Corazón de Cristo, recibe a María como Madre. Iglesia en “sintonía de oración” con María, preparando Pentecostés (Hech 1,14) .

1:El corazón unificado de la Madre de Jesús, memoria de la fe de la Iglesia
“Bienaventurada tú que has que creído” (Lc 1,45). “La Iglesia venera en María la realización más pura de la fe” (CIC 149).

2:El corazón de la Madre de Jesús, la memoria contemplativa de la Iglesia
En el corazón de la Madre de Jesús encontraron acogida las palabras del Señor: las palabras del ángel (Lc 1,29), el mensaje de Belén (Lc 2,19), la profecía de Simeón (Lc 2,33), las palabras de Jesús niño (Lc 2,51), las últimas palabras en la Cruz… Todo lo “contemplaba en su corazón” (Lc 2,19.51).

3:El corazón de la Madre de Jesús, memoria del seguimiento evangélico
“Haced lo que él os diga” (Jn 2,5; cfr. Ex 24,7). El seguimiento evangélico: sentido esponsal de compartir la misma vida, correr la suerte o “beber el cáliz” de Cristo Esposo (Mc 10,38). María había sido la primera en decir el “sí” (Lc 1,38) y en aceptar la misma “espada” o suerte del Señor (Lc 2,35).

4:El corazón de la Madre de Jesús, memoria pascual de la Iglesia
Su corazón “abierto” por la “espada” (Lc 2,35) . “De pie, junto a la Cruz”: costado abierto, “sangre y agua”, “mirarán al que traspasaron” (Jn 19,25.33-37).
Los hechos y el mensaje de Jesús en el Corazón materno de María y de la Iglesia.
“Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído” (Jn 20,29; cfr. Lc 1,45)

5:El corazón de la Madre de Jesús, memoria de la Iglesia comunión y misión
La Iglesia se va construyendo como comunidad misionera, viviendo la fraternidad y la misión “con María la Madre de Jesús” (Hech 1,14). En el corazón de María, la Iglesia aprende a construir la comunión de hermanos y a realizar la misión recibida de Jesús. “Quedaron todos llenos del Espíritu Santo” (Hech 2,4).

“María custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús… María atestigua que la misericordia del Hijo de Dios no conoce límites y alcanza a todos sin excluir ninguno” (Misericordiae Vultus, n.24).

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