Santo Tomás Apóstol (3 julio 2015)

De Corazón a corazón: Ef 2,19-22 (“Estáis edificados sobre los Apóstoles… la piedra angular es el mismo Cristo”); Jn 20,24-29 (“Felices los que creen sin haber visto”).

Contemplación, vivencia, misión: Así recupera Jesús a “los suyos”. Tomás, el “incrédulo”, es el primero en afirmar que Jesús es Dios y se convierte en misionero del evangelio. Su acto de fe (“Señor mío y Dios mío”) es hoy profesión de fe de toda la comunidad del Resucitado. Nos apoyamos en Cristo, “la piedra angular”, que transforma el barro quebradizo de “los suyos” en una punto de referencia de nuestra fe. Los “signos pobres” de su amada Iglesia no escandalizan a quien está enamorado de Cristo. “También cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo” (Laudato Si’, n.236).

*El Evangelio en el Corazón de la Madre de Jesús y de la Iglesia: Las palabras de Jesús Resucitado (“felices los que creen sin haber visto”) pueden aludir al ejemplo de fe de su Madre, a quien Isabel había dicho: “Bienaventurada tú que has creído” (Lc 1,45).

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