Domingo 14º Tiempo Ordinario (5 julio 2015)

De Corazón a corazón: Ez 2,2-5 (“Yo te envío… sabrán que en medio de ellos se encuentra un profeta”); 2Co 12,7-10 (“Te basta mi gracia… Sufro por Cristo, pues cuando me siento débil, es cuando soy más fuerte”); Mc 6,1-6 (“Se puso a enseñar en la sinagoga… ¿no es éste el carpintero, el hijo de María?… Se escandalizaban de él”):

Contemplación, vivencia, misión: Ser “hijo de María” o “hijo de José”, para los nazaretanos, equivalía a clasificar a Jesús como “don nadie”. Así nos ha amado él, hasta hacerse uno de nosotros, “hijo del hombre”, siendo el Hijo de Dios, para asumir nuestra historia (también nuestros pecados) y hacernos partícipes de su filiación divina. “El domingo, la participación en la Eucaristía tiene una importancia especial. Ese día, así como el sábado judío, se ofrece como día de la sanación de las relaciones del ser humano con Dios, consigo mismo, con los demás y con el mundo”
(Laudato Si’, n.237).

*El Evangelio en el Corazón de la Madre de Jesús y de la Iglesia: La historia se repite como una constante de la Encarnación del Verbo. Él, “hijo de María”, nació pobre en Belén, vivió marginado en Nazaret, pasó tres años “haciendo el bien” y “sin tener donde reclinar la cabeza”. Su lógica de donación da sentido a nuestra vida ordinaria.

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