Domingo 21º Tiempo Ordinario (23 agosto 2015, Sta Rosa)

De Corazón a corazón: Jos 24,1-2.15-18 (“Nosotros serviremos al Señor porque él es nuestro Dios”); Efes 5,21-32 (“Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella”); Jn 6,60-69 (“¿A quién iremos? Tú tienes palabra de vida eterna”)

Contemplación, vivencia, misión: La solución de toda crisis histórica depende de la propia relación personal con Cristo: ¿A “quién” iremos?. Sólo Jesús es la luz, el camino, la verdad y la vida. Hay que dejarse sorprender por Dios, quien en todo Getsemaní nos dice como en el Tabor: “Éste es mi Hijo amado” (él en nosotros). La vida es hermosa, aún cuando el granito de trigo parece que muere en el surco. No hay mayor alegría que la de saberse acompañado por Cristo. Las crisis se esfuman, como la niebla, haciendo que el dolor sea fecundo. Jesús ama a su Iglesia como esposa llamada a compartir su misma suerte. “El Señor, en el colmo del misterio de la Encarnación, quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia (en la Eucaristía). No desde arriba, sino desde adentro, para que en nuestro propio mundo pudiéramos encontrarlo a él” (Laudato si’, n.236).

*El Evangelio en el Corazón de la Madre de Jesús y de la Iglesia: El matrimonio cristiano está llamado a ser expresión del amor de Cristo a su Iglesia. Quienes son llamados al seguimiento evangélico radical de Cristo, son “memoria” de este mismo amor. La Virgen es modelo de la pertenencia esponsal a Cristo.

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