Martes semana 24ª Tiempo Ordinario (15 septiembre, Virgen Dolorosa)

De Corazón a corazón: 1Tim 3,1-13 (Función de los ministros: “Cuidar de la Iglesia de Dios”); Lc 7,11-17 (Resurrección del hijo único de una viuda en Naim: “Se compadeció… No llores… Joven, levántate”)

Contemplación, vivencia, misión: San Juan de Ávila tiene un comentario impresionante sobre la resurrección del joven en Naim, aplicable a todo apóstol: “Si hubiese en la Iglesia corazones de madre en los sacerdotes que amargamente llorasen de ver muerto a sus espirituales hijos, el Señor, que es misericordioso, les diría lo que a la viuda de Naim: No quieras llorar. Y les daría resucitadas las ánimas de los pecadores” (Plática 2ª). A veces buscamos la “identidad” del apóstol (laico, sacerdote o persona consagrada) por las nubes de nuestra fantasía. Se trata de “cuidar de la Iglesia de Dios”, amarla, servirla sin servirse de ella.

*El Evangelio en el Corazón de la Madre de Jesús y de la Iglesia: La mirada de compasión de Jesús en Naim es un esbozo de su “mirada” a María (Jn 19,26), de pie junto a la cruz , para declararla “nuestra Madre en el orden de la gracia” (LG 61). Ella “lloró con el corazón traspasado la muerte de Jesús”; por esto ahora “es la Mujer «vestida de sol…» (Ap 12,1)” (Laudato si’, n.241). Ver Ntra Sra. de los Dolores, en Año Litúrgico (María)

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