Domingo 25º Tiempo Ordinario (20 septiembre 2015)

De Corazón a corazón: Sab 2,17-20 ("Probémoslo con ultrajes… veamos su dulzura… condenémoslo a una muerte infame"); Sant 3,16; 4,3 ("Donde hay envidia y espíritu de contradicción, allí hay desorden"); Mc 9,30-37 ("El Hijo del hombre va a ser entregado… lo matarán… al tercer día resucitará… El que quiera ser el primero… que sea el servidor de todos").

Contemplación, vivencia, misión: El movimiento de “pasiones” que se origina constantemente en el corazón humano, sólo lo comprende y sana Jesús. Anunció la pasión; no lo comprendieron ni le preguntaron, sino que siguieron con su problema de gallinero: quién era el mayor. Jesús rompe los esquemas tontos, cuando aprendemos a convivir con él, dejando que nos mire hasta el fondo del corazón. La paz nace en el corazón, pero necesita gente “crucificada” con Cristo, para que la verdadera paz sea realidad en todos los pueblos. Todavía se continúa crucificando a Jesús, hasta el fin del mundo; pero él muere amando y perdonando en cada uno de nosotros. “Para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres” (Laudato si’, n.220).

*El Evangelio en el Corazón de la Madre de Jesús y de la Iglesia: A su Madre, Jesús la quiso “Inmaculada”, exenta del pecado original y de sus consecuencias pecaminosas. Experimentó más que nosotros la noche de la fe. Ella nos lleva en su corazónn y nos acompaña para alentarlos en la superación de nuestras pasiones y desórdenes.

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