San Mateo Apóstol (lunes 21 septiembre 2015)

De Corazón a corazón: Ef 4,1-13 (“Conservar la unidad del Espíritu… apóstoles… profetas… evangelizadores… pastores… maestros… para edificación del Cuerpo de Cristo”); Mt 9,9-13 (“Vio Jesús a un hombre llamado Mateo… Sígueme… no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”).

Contemplación, vivencia, misión: En la comunidad o familia de Jesús, cada uno recibe dones peculiares para realizar una misión irrepetible. No necesitamos envidiar ni suplantar a nadie. A todos y cada uno nos ha llamado porque nos ama. Y “tenemos este tesoro en vasos de barro” (2Cor 4,7). Todos estamos llamados a construir la familia eclesial en la unidad del amor. Los Apóstoles y sus sucesores tienen la misión de garantizar y suscitar la verdad de esta unidad, también y especialmente en el discernimiento y fomento de los carisma que el Espíritu Santo comunica a su Iglesia. La unidad de la familia eclesial se fundamenta en la humildad y en la caridad, que salvagaurda la identidad de cada uno. “No entiende su superioridad como motivo de gloria personal o de dominio irresponsable, sino como una capacidad diferente, que a su vez le impone una grave responsabilidad que brota de su fe” (Laudato si’, n.220).

*El Evangelio en el Corazón de la Madre de Jesús y de la Iglesia: San Mateo describe a María como Virgen Madre de “Dios con nosotros” (Mt 1,23); los Magos de Oriente encuentran a Jesús “con María su Madre” (Mt 2,11).

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