Miércoles semana 26ª Tiempo Ordinario (30 septiembre, S.Jerónimo)

De Corazón a corazón: Ne 2,1-8 (Nehemías consigue permiso del rey Artajerjes para reconstruir Jerusalén y el templo) Lc 9,57-62 ("El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza")

Contemplación, vivencia, misión: La libertad del amor de Jesús, que vive en nosotros, es la fuente de la felicidad: la verdad de la donación. Nada ni nadie puede suplir a Jesús y ocupar su lugar en nuestro corazón. No podemos condicionar su amor a ningún don que no sea él mismo. El evangelio se comprende desde los latidos de su Corazón. La “pobreza” es sólo una expresión del modo de amar de Jesús y de quienes son llamados a vivir al seguimiento evangélico: él no tiene más que a sí mismo para darse. “La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco” (Laudato si’, n.222).

*El Evangelio en el Corazón de la Madre de Jesús y de la Iglesia: Al niño Jesús, María “lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el albergue” (Lc 2,7). La pobreza evangélica es expresión del verdadero amor. La ternura materna hace milagros.

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