Domingo 27º Tiempo Ordinario (4 octubre, S.Francisco de Asís, Sínodo de la Familia)

De Corazón a corazón: Gen 2,18-24 (“No es bueno que el hombre esté solo… El Señor formó la mujer”); Heb 2,9-11 (“A Jesús le vemos coronado de gloria y dignidad por haber sufrido la muerte… en beneficio de todos”); Mc 10,2-16 (“Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”).

Contemplación, vivencia, misión: La humanidad entera y cada ser humano está llamado a ser reflejo de Dios Amor, donde cada persona es sólo relación de donación. Ser familia y vivir en familia es nuestra razón de ser. Jesús “hermano” y “esposo” de toda la humanidad hace posible que en el matrimonio resuene su “sí” al Padre, en el amor de Espíritu Santo. Él, desde la Encarnación, ha elevado el matrimonio de los “bautizados” a ser expresión de este “sí” de donación esponsal. Pero su vida de donación es el punto de referencia y llama a algunos a ser signo peculiar de este su amor esponsal y virginal, como anticipación de una realidad de resucitados en Cristo. “Se puede necesitar poco y vivir mucho, sobre todo cuando se es capaz de desarrollar otros placeres y se encuentra satisfacción en los encuentros fraternos, en el servicio, en el despliegue de los carismas, en la música y el arte, en el contacto con la naturaleza, en la oración” (Laudato si’, n.223).

*El Evangelio en el Corazón de la Madre de Jesús y de la Iglesia: Todos hemos vivido en un ámbito familiar, donde hombre y mujer se complementan si cada uno se hace donación para hacer felices a los demás. Las diferencias son para completarse y realizarse amando de verdad. La Sagrada Familia es el punto de referencia.

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