Conmemoraciòn de Todos los Difuntos (lunes 2 noviembre 2015)

De Corazón a corazón (seleccionar entre otros): Job 19,1.23-27 (“Veré a Dios… mis propios ojos lo verán”); Sab 3,1-9 (“Las almas de los justos están en las manos de Dios… ellos están en paz”); Rom 5,5-11 (“La esperanza no defrauda”); Apoc 21,1-7 (“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva… Enjugará las lágrimas de sus ojos”); Jn 6,37-40 (“Es voluntad de mi Padre que todo el que vea al Hijo y crea en él tenga vida eterna y yo lo resucite en el último día”) (cfr. Mt 5 y 25, etc).

Contemplación, vivencia, misión: Todo nos habla de esperanza, de una meta final que da sentido a nuestro presente. Estamos ensayando un “presente” que deseamos sea sin ocaso, pero que sólo será realidad plena cuando veremos a Dios. Cristo resucitado es la “primicia”. Los que ya llegaron nos alientan. Algunos “difuntos” están “esperando” nuestras oraciones, mientras se van “purificando” por el amor; porque a Dios Amor sólo se le puede ver y encontrar con un corazón que vibre en sintonía con su amor. Tal vez han sido pocos los que han amado así y ahora les podemos ayudar: “El hacerse presente serenamente ante cada realidad, por pequeña que sea, nos abre muchas más posibilidades de comprensión y de realización personal” (Laudato si’, n.222).

*El Evangelio en el Corazón de la Madre de Jesús y de la Iglesia: Vivimos en familia, en “comunión de los santos”. Algunos hermanos difucntos necesitan que se acreciente nuestro amor para que se “purifique” el suyo. Los “méritos” de María son también nuestros, nos los ha regalado Jesús al dárnosla como Madre.

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