Domingo 32º Tiempo Ordinario (8 noviembre 2015)

De Corazón a corazón: 1Re 17,10-16 (Elías a la viuda de Sarepta: “La tinaja de harina no se vaciará”); Heb 9,24-28 (“Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez… aparecerá para dar la salvación a los que le esperan”); Mc 12,38-44 (“Esta pobre viuda ha dado de su indigencia todo cuanto tenía para vivir”)

Contemplación, vivencia, misión: Las dos “viudas” son un símbolo de una realidad frecuente: los más pobres son siempre los que entienden mejor el compartir y la gratuidad. Dar de la propia pobreza, es como ponerse en manos del Alfarero para que moldee nuestro pobre barro con su aliento de amor paternal y universal. La “gratuidad” es fruto de un corazón agradecido. “Una expresión de esta actitud es detenerse a dar gracias a Dios antes y después de las comidas. Propongo a los creyentes que retomen este valioso hábito y lo vivan con profundidad” (Laudato si’, n.217).

*El Evangelio en el Corazón de la Madre de Jesús y de la Iglesia: La vida es un aprendizaje para decir que “sí” y darse sin condicionamientos. Esta donación es fuente de gozo, como en María: “Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador” (Lc 1,47).

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