Domingo 1º de Adviento, Año C (29 noviembre 2015)

De Corazón a corazón: Jer 33,14-16("Haré brotar para David un germen justo… El Señor nuestra justicia"); 1Tes 3,12-4,2 ("Que se consoliden vuestros corazones con santidad irreprochable ante Dios Padre, la venida de nuestro Señor Jesucristo"); Lc 21,25-28.34-36 ("Verán venir al Hijo del hombre… Estad en vela")

Contemplación, vivencia y misión: Vivimos siempre a la “espera” de una nueva venida del Señor, descendiente de David, el “Hijo del hombre”, ya insertado en nuestra historia humana para cambiarla radicalmente con nuestra cooperación responsable. Nos comunica una vida sobreabundante en su amor divino y humano, que es participación en la santidad y vida divina. La historia se construye en las circunstancias sencillas de la vida ordinaria, hecha por amor, porque “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones” (Rom 5,5). “Mientras tanto, nos unimos para hacernos cargo de esta casa (la creación) que se nos confió, sabiendo que todo lo bueno que hay en ella será asumido en la fiesta celestial” (Laudato si’, n.244).

* Hacia la Navidad con la Madre de Jesús: La acción del Espíritu Santo en María, Virgen y Madre, fue peculiar (“el Espíritu Santo vendrá sobre ti”) porque ella pertenece totalmente a su Hijo. Ella es figura y anticipación de nuestra participación en la vida de Cristo. Nuestro trabajo ordinario de “Nazaret” se hace fecundo para recibir y transmitir a Jesús. María, “Madre de la esperanza”, es la figura de la Iglesia que cree, espera y ama.

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