Martes semana tercera de Adviento (15 diciembre 2015)

De Corazón a corazón: Sof 3,1-2.9-13 (“Yo dejaré en medio de ti un pueblo humilde que esperará en el nombre del Señor”); Mt 21,28-32 (“Los publicanos y las rameras os pasarán delante en el Reino de los cielos”)

Contemplación, vivencia, misión: Jesús comparó a su “familia” espiritual (su “Iglesia”) con una pequeña semilla y con un puñado de levadura. No tenemos más privilegio que el de servir amando como él. Quien ha experimentado su “misericordia” no quiere otro premio que el de participar de su mismo amor. A Belén fueron invitados los pastores (gente marginada) y los magos venidos de Oriente (gente “sin papeles”). Jesús viene para todos, sin excluir a nadie. La autenticidad religiosa y cristiana está en la humildad y sencillez, siempre relacionadas con una vida de pobreza bíblica (desprendimiento gozoso).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: Dios nos ha hablado de muchas maneras; ahora nos habla por su Hijo (cfr. Heb 1,1-2) que personifica la misericordia: "Una Palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y ésta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída” (San Juan de la Cruz). María, figura de la Iglesia, “al estar íntimamente penetrada por la Palabra de Dios, puede convertirse en madre de la Palabra encarnada” (Deus Caritas est, n.41).

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