Miércoles semana tercera de Adviento (16 diciembre 2015)

De Corazón a corazón: Is 45,6-8.18.21-25 (“Destilad, cielos, como rocío de lo alto… Ábrase la tierra y produzca la salvación… Volveos a mí”); Lc 7,19-23 (“¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro?… Id y contad lo que habéis visto y oído”)

Contemplación, vivencia, misión: El “cielo”, es decir, el corazón de Dios, está siempre abierto para recibirnos. Sólo nos pide abrir también nuestro corazón. Viene según la medida de nuestro deseo. Otros deseos caprichosos pueden atrofiar nuestro corazón y cerrarnos a los dones de Dios. Quien ha experimentado el amor de Cristo, ha encontrado el sentido de la vida y se convierte en mensajero de este amor para todos.

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: “Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús” (Misericordiae Vultus, n.24). Es Madre de la Misericordia. “Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia” (LG 62), también por medio de la Iglesia.

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