(Retiro II) SENTIDO MATERNO Y PATERNO DE LA MISERICORDIA DIVINA

DIOS AMA ASÍ:

Hace salir “su” sol sobre buenos y malos (cfr. Mt 5,45), todos somos sus hijos. “Dios es Amor” (1Jn 4,8), “rico en misericordia por el grande amor con que nos amó” (Efes 2,4). Resumen del mensaje de Jesús: “El Padre os ama” (Jn 16,27). “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único” (Jn 3,16)

Jesús “salva” “buscando” (Lc 19,10). Se trata de un pedazo del su corazón: “mi oveja” (Lc 15,6). Lc15: oveja perdida, moneda perdida, hijo pródigo. “Nos impresiona la alegría de Dios, la alegría que Él siente cuando encuentra de nuevo al pecador y le perdona. ¡Sí, la alegría de Dios es perdonar! Aquí tenemos la síntesis de todo el Evangelio” (Mensaje JMJ 2016, n.2). La “conmoción” del padre “con ternura materna” (“rahamim”) (Lc 15,20).

Rahamim, se puede traducir como «entrañas», que nos recuerda en modo particular el seno materno y nos hace comprender el amor de Dios por su pueblo, como es el de una madre por su hijo. Así nos lo presenta el profeta Isaías: «¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!» (Is 49,15) … En el concepto bíblico de misericordia está incluido lo concreto de un amor que es fiel, gratuito y sabe perdonar. En Oseas tenemos un hermoso ejemplo del amor de Dios, comparado con el de un padre hacia su hijo: «Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo… Yo los atraía con lazos humanos, con ataduras de amor; era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer» (Os 11,1-4)” (Mensaje JMJ 2016, n.2)

VOLVER AL PRIMER AMOR:

“Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado” (Misericordiae Vultus n.2)

“Conversión” (Mc 1,15), “metanoia”, significa “volver” al amor, porque “hemos conocido el amor” (1Jn 4,16) de quien “nos ha amado primero” (1Jn 4,19). “Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan (cfr. 19, 37)… Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar” (Deus Caritas est, n.12). Quien se espanta al descubrir la propia miseria (que es un pozo sin fondo), queda invitado a levantar los ojos a Cristo Resucitado que muestra las llagas de sus manos, pies y costado, como “prenda” de que hace suya nuestra vida y toma nuestro estropajo para lavarlo en su Corazón.

Desde su primero momento en el seno de María, asume la historia de cada uno (aunque sea la de Saulo, Pedro o Agustín), como parte de su misma biografía. “Quienes llegan a conocer de este modo a Dios, quienes lo “ven” así, no pueden vivir sino convirtiéndose sin cesar a Él. Viven pues in statu conversionis; es este estado el que traza la componente más profunda de la peregrinación de todo hombre por la tierra in statu viatoris” (Dives in Misericordia, n.13)

RECIBIR EL PERDÓN Y PERDONAR:

“En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia …

La misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón…. El perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón… Como ama el Padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros” (Misericodiae Vultus, n.9). “El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios” (Misericordiae Vultus, n.24)

“¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia. Aquel que nos invitó a perdonar «setenta veces siete» (Mt 18,22) nos da ejemplo: Él perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría. No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!” (Evangelii Gaudium, n.3)

ANUNCIAR LA MISERICORDIA, ANUNCIAR A CRISTO

“Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, « rico de misericordia » (Ef 2,4) … en la «plenitud del tiempo» (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios” (Misericordiae Vultus, n.1). “El kerygma es trinitario. Es el fuego del Espíritu que se dona en forma de lenguas y nos hace creer en Jesucristo, que con su muerte y resurrección nos revela y nos comunica la misericordia infinita del Padre” (n.164)

“Con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad. La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. « Dios es amor » (1 Jn 4,8.16) … Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús. Su persona no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona y ofrece gratuitamente… En él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión … Lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la cual leía el corazón de los interlocutores y respondía a sus necesidades más reales… San Beda… escribió que Jesús miró a Mateo con amor misericordioso y lo eligió: miserando atque eligendo”… (Misericordiae Vultus, n.8)

“El Padre de las Misericordias quiso que precediera a la Encarnación la aceptación de parte de la Madre predestinada, para que así como la mujer contribuyó a la muerte, así también contri­buirá a la vida. Lo cual vale en forma eminente de la Madre de Jesús, que dio al mundo la vida misma que renueva todas las cosas y que fue adornada por Dios con dones dignos de tan gran oficio” (Lumen Gentium, n.56). Otros textos: Lumen Gentium 40, Dives in Misericordia 13-14, Veritatis Splendor 118, Misericodiae Vultus 3, 5-7, Mensaje JMJ 2.

Los comentarios están cerrados.