Domingo tercero tiempo ordinario ((24 enero 2016, S. Francisco de Sales)

De Corazón a corazón: Ne 8,2-4.5-6.8-10 ("Esdras leyó el Libro… No os entristezcáis, porque el gozo del Señor es nuestra fuerza"); 1Co 12,12-30 ("Si un miembro sufre, sufren todos los demás miembros… Sois cuerpo de Cristo") ; Lc 1,1-4; 4,14-21 ("Jesús vino a Nazaret… : El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva")

Contemplación, vivencia, misión: Jesús, con María y José, estaba acostumbrado a escuchar la Palabra de Dios en la sinagoga. Seguro que luego comentarían en casa los textos escuchados. Pero Jesús era la Palabra personal del Padre, que supera todos nuestros esquemas e interpretaciones. La predicación de la Palabra, bajo la acción del Espíritu Santo que la ha inspirado y que trasciende los baremos de la moda, es “peligrosa”. Jesús se arriesgó y terminaría en la cruz. Desde la Encarnación del “Verbo” (“Palabra”), la vida es hermosa si se convierte en “Nazaret”, donde se prolonga el “sí” de Jesús y de María (así como la actitud humilde y servicial de San José).

*Corazón misericordioso de María, memoria de la Iglesia: La vida “ordinaria” del día a día ha recuperado su sentido en el amor, que edifica la humanidad entera como “Cuerpo” de Cristo, su familia y "complemento”, su Iglesia. Todo empezó en Nazaret, en el seno de la Sagrada Familia. De María se aprende “el tacto singular de su corazón materno … su especial aptitud para llegar a todos aquellos que aceptan más fácilmente el amor misericordioso de parte de una madre” (Dives in Misericordia, n.9)

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